martes, 12 de julio de 2016

Doña Isabel la Católica dictando su testamento (II)

Rosales, Doña Isabel la Católica dictando su testamento
Doña Isabel la Católica dictando su testamento (detalle),1864
Óleo sobre lienzo
287 x 398 cm
Museo del Prado, Madrid




En el Castillo de la Mota, sobre su lecho de muerte, aparece Isabel la Católica. Está tumbada sobre una cama entre almohadones y cubierta con dosel que termina en el escudo de armas de Castilla. Su cara, cansada y envejecida por la enfermedad, está enmarcada por un velo blanco que se sujeta al pecho con un broche: son la venera y la cruz de Santiago. La mano derecha sobresale del lecho y con el dedo índice señala los documentos que redacta Gaspar de Gricio, su escribano: en estos momentos se está dictando la última voluntad de una reina. 


Rosales, Doña Isabel la Católica dictando su testamento
Dentro de la sala regia y, situados junto al lecho de muerte, se encuentran su esposo el rey Fernando el Católico y su hija, Juana la Loca. Ambos se muestran abatidos, desolados; sus miradas están perdidas, vacías y llenas de tristeza ante el trágico suceso que se aproxima. Rosales quiso plasmar la psicología y los matices de cada personaje. Por eso vemos que el rostro de la reina nos transmite la paz y el sosiego propio en una moribunda; su hija, Juana, aparece resignada y perdida en su locura; su esposo, el rey Fernando el Católico, se muestra abatido y preocupado por el futuro que le espera ante un reinado en solitario.

Rosales, Doña Isabel la Católica dictando su testamentoA la derecha, y buscando el equilibrio visual entre todas las figuras, Rosales sitúa detrás del escribano a un grupo de personajes entre los que reconocemos a los marqueses de Maya –encargados de los cuidados de la reina-, algunos nobles de la época y al Cardenal Cisneros.
 Doña Isabel la Católica dictando su testamento es una obra que recoge ciertas influencias de Velázquez, como puede apreciarse en la sombría escala de colores que se utiliza y en la pincelada ancha y deshecha de los dibujos. Por todo esto, y por el fuerte realismo atmosférico, la luz recorre la habitación en penumbra de una moribunda y se ciñe con suavidad en el centro de la imagen para que destaque única exclusivamente Isabel la Católica, reina y protagonista de esta hermosa obra de arte.

¡Un saludo a tod@s!

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