domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Conoces la Sacristía del Monasterio de Guadalupe?

Sacristía del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres.
Sacristía del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres

       La llaman “reina de las sacristías de España" o “la  Capilla Sixtina española” y no es para menos. Al cruzar sus puertas, nuestro aliento se “entrecorta” y la respiración se nos hace muy débil, cada vez menos perceptible... De repente, notas que tu boca y tus ojos se han abierto de par en par mientras en tu cabeza solo asoma una pregunta… ¿Estaré soñando...? 


        Sobre una superficie de planta rectangular del siglo XVII -de 17,65 metros de longitud y 7,70 metros de ancho- se dispone una exquisita ornamentación a base de mármoles, pinturas al temple en paredes y bóveda, espejos y, sobre todo, los magníficos lienzos que el maestro extremeño Francisco de Zurbarán realizó, expresamente a medida, para este espacio.


      Adentrado el mes de febrero del año 1639, fray Juan de San José, procurador del Real Monasterio de Guadalupe, otorga el poder para que se le encargue a Francisco de Zurbarán las pinturas de la sacristía del monasterio. En el contrato, se especificaba que el pintor del Rey y “pintor de ymaxinería al olio” se obligaba a hacer siete lienzos de religiosos hijos del convento, de iguales medidas cada uno: tres varas y media de alto y dos y media de ancho, por un importe total de 7.350 reales


      Los padres que aparecen representados en los lienzos, servirían como ejemplo para la adoctrinación de los novicios del convento, ya que, siguiendo sus correctas actitudes, estos alcanzarían la salvación divina. El Recogimiento y clausura de la celda con Fray Gonzalo de Yllescas, el Silencio con el padre Pedro de Salamanca o La Caridad representada por el Fraile Martín de Vizcaya repartiendo limosnas, son algunos de los magníficos ejemplos de esta colección pictórica.


Pero, si alzamos la vista hacia la bóveda, veremos una elegante decoración de estilo barroco y frescos dedicados a la vida de San Jerónimo (Patrón de la Orden que regía en esos momentos en el monasterio). Por último, al adentrarnos en el tramo final de la sacristía, observamos con admiración la Apoteosis de San Jerónimo, conocida también como “la perla de Zurbarán” y que pone el broche final a este bellísimo espacio.


Nosotros, simples espectadores, nos quedamos absortos y sin argumentos, mientras contemplamos la belleza y la magia de aquel lugar;  mientras, guiados por ese halo de misterio y serenidad, descubrimos los entresijos y nos adentramos  el corazón del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe


            ¿Continuamos hasta el final? 
                

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