viernes, 27 de enero de 2017

Wolfgang Amadeus Mozart...

Wolfgang Amadeus Mozart
Wolfgang Amadeus Mozart

Qué elogios no decir, qué palabras no utilizar si estamos hablando de Wolfgang Amadeus Mozart (27 de enero de 1756 - 5 de diciembre de 1791). Genio, simplemente la palabra genio se queda corta si nos paramos a pensar en las magníficas composiciones que comenzó a realizar cuando apenas contaba con cinco años de edad. Si escuchas una sola de sus obras, si escuchas aunque sea una mínima parte de sus sinfonías, sabrás a lo que me estoy refiriendo...

     Su obra es “mágica”. Solo puede existir magia en la mente de un joven que consigue crear una composición así. Sea cual sea. Sus piezas son mágicas. Te envuelven de principio a fin. No te dejan, te absorben hacia un abismo profundo donde solo hay luz, calma y serenidad. Escuchar una de sus piezas es como respirar aire puro. Como una bocanada de aire fresco, de oxígeno, de vida. No hay adjetivos para describir su obra. ¿Magnífica, exquisita, inigualable? Podían ser las palabras acertadas pero de igual modo se quedarían cortas. No llegarían a expresar la emoción y el sentimiento que sus notas musicales pueden llegar a transmitirle a nuestra alma… 


      Eso es, un soplo de vida para el alma…

miércoles, 25 de enero de 2017

Puppy, "la mascota" del Guggenheim Bilbao

Puppy, Museo Guggenheim Bilbao, 1992
Jeff Koons, Puppy, 1992
Acero inoxidable, sustrato y plantas en floración
1.240 x 830 x 910 cm

 Museo Guggenheim Bilbao 

Dicen que es la “mascota” del  Museo Guggenheim Bilbao, que no muerde, que no ladra…

Pesa 12 toneladas y mide 12 metros de altura, pero Puppy -el cachorrito terrier- sabe que es solo eso: un cachorrito, aunque su complejidad y tamaño lo conviertan en el terrier más grande del mundo.

      Cambia dos veces de vestuario: en primavera -cuando se viste alegremente con begonias, lobelias y claveles- y en otoño, cuando su colorido “ropaje” se torna más oscuro, y las alegrías y las petunias dan paso a la hiedra y otras flores invernales como el pensamiento.

       A Puppy lo trasladaron a Bilbao en 1997, poco después de que su creador Jeff Koons lo expusiera en el Museo de Arte Contemporáneo de Sidney. Desde entonces y hasta hoy, cada noche -cuando el Guggenheim cierra sus puertas y los visitantes abandonan las salas-, en el interior de su cuerpecito de hierro y acero se pone en marcha un mecanismo de riego que “da vida” y engalana de nuevo sus 40.000 flores para la jornada siguiente…

      Puppy no ladra ni se mueve. No cambia de posición. No se echa al suelo ni pide que le acaricien la barriguita. Se mantiene erguido, firme y sonriente recibiendo a todo aquel que se acerca al Guggenheim Bilbao y quiere conocerlo. Puppy, siempre alerta, siempre fiel, permanecerá allí sentado esperando con ansia nuestro regreso...

lunes, 23 de enero de 2017

Las 10 mejores frases de Salvador Dalí...

Salvador Dalí
Salvador Dalí

     Compartió vino y mesa con los miembros de la Generación del 27, participó en las tertulias de la Residencia de Estudiantes de Madrid e inundó su alma y su memoria con el aroma de París. Orgulloso de su fama y su obra, Dalí expandió por todo el mundo sus ideas surrealistas. A continuación, os dejo algunas de sus mejores frases:

1.     Picasso es un genio, yo también. Picasso es español, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco.

2.   El verdadero pintor es aquel que es capaz de pintar escenas extraordinarias en medio de un desierto vacío. El verdadero pintor es aquel que es capaz de pintar pacientemente una pera rodeado de los tumultos de la historia.

3.     Declaro la independencia de la imaginación y el derecho del hombre a su propia locura.

4.     El tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan.

5.     A los seis años quería ser cocinero. A los siete quería ser Napoleón. Mi ambición no ha hecho más que crecer; ahora solo quiero ser Salvador Dalí y nada más. Por otra parte, esto es muy difícil, ya que a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí.

6.     El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos.

7.     Llamo a mi esposa: Gala, Gauska, Gradiva; oliva por lo oval de su rostro y el color de su piel... también la llamo Lionette, porque cuando se enfada ruge como el león de la Metro-Goldwyn Mayer.

8.     Solo hay una diferencia entre un loco y yo. El loco piensa que esta cuerdo. Yo sé que estoy loco.

9.     Cada una de las dos mitades está exactamente unida a la otra mitad, de la misma manera que Gala estaba unida a mí.

10. Voy a vivir para siempre. Los genios no mueren.

viernes, 20 de enero de 2017

San Sebastián...

Peter Paul Rubens, San Sebastián rescatado por los ángeles, 1604
Peter Paul Rubens, San Sebastián rescatado por los ángeles, 1604
Óleo sobre lienzo
120 x 100 cm
Amberes

De cuerpo esbelto, cabellos alborotados y la musculatura propia de un fornido  guerrero romano, San Sebastián –mártir cristiano del siglo III- ha sido representado a lo largo de la Historia del Arte como el soldado rebelde que quiso seguir la doctrina de Jesús, tras haber jurado lealtad al emperador Diocleciano


Tal fue la magnitud de la ofensa, que éste ordeno a sus topas que dieran muerte al joven soldado de una forma despiadada y cruel: su cuerpo desnudo y maniatado sería el blanco perfecto de una lluvia de flechas y lanzas que lo atravesarían una y otra vez… pero ni los arqueros más competentes, ni los soldados más valerosos pudieron dar muerte al joven Sebastián que, gravemente herido y ayudado  por los ángeles del cielo, logró salvar su vida y escapar de aquel lugar…

El Greco, El martirio de San Sebastián, 1577-78
El Greco, El martirio de San Sebastián, 1577-78
Catedral de Palencia

Como ya comenté, este tema ha sido llevado a los lienzos por numerosos  artistas entre los que destacan: Peter Paul Rubens, El Greco, Botticelli, Rafael o Alonso Berruguete entre otros muchos.

 Su rostro, su cabello y su figura atlética y vigorosa, suponen un verdadero reto para los artistas a la hora de conseguir la  reproducción perfecta de la anatomía humana… su fuerza, su valor y los motivos que llevaron al joven guerrero al martirio, hacen de estas composiciones un verdadero placer para los sentidos

miércoles, 11 de enero de 2017

Velázquez: El bufón Calabacillas...

Velázquez, El bufón Calabacillas, 1635-1639
El bufón Calabacillas, 1635-1639
Óleo sobre lienzo
106 cm x 83 cm
Museo del Prado, Madrid

Antes de pasar a las manos del rey Felipe IV, Juan de Calabazas pasó la mayor parte de su vida bajo las ordenes del cardenal infante don Fernando de Austria, quien empezó a nombrarle como “Bobo de Coria” para distinguirlo entre su galería de enanos y bufones que, con sus “gracietas”, hacían que la vida de palacio fuese mucho más llevadera.

Cuando en 1632, el “Bobo de Coria” pasa a ser bufón real del melancólico Felipe IV, empiezan a conocerle con el nombre de  Juan de Calabazas o Bufón Calabacillas. Este nuevo apodo no es más que una alusión a su enfermedad mental ya que, desde el siglo XVI, las personas con este tipo de trastornos recibían el sobrenombre de “calabazas”, relacionando al fruto con la enfermedad del personaje; o también, con el hecho de colocar la cáscara de la calabaza como casco protector de la cabecita de los enfermos, ante cualquier episodio de crisis nerviosa.

Pero Velázquez no quiso formar parte del grupo de aquellos que se burlaban de estos seres y, en su etapa de pintor en la corte, realizó numerosos retratos de estos personajillos que, en medio de bromas, bailes y falta de pudor hacían llegar al rey la opinión que éste generaba en el pueblo. Velázquez quiso dar una lección de humanidad retratando a los bufones y enanos de la corte con la misma dignidad con la que lo hubiese hecho un personaje ilustre.

Siete años después de su llegada a la corte de Felipe IV, los juegos malabares, las piruetas y los comentarios sin censura de Don Juan de Calabazas se apagarían para siempre...

Lo que algunos estudiosos ven en El bufón Calabacillas...

     Las calabazas y la cantimplora que aparecen en el suelo, su ropaje de terciopelo verde y su rostro desfigurado, hacen que muchos autores hayan visto en El bufón Calabacillas cierta influencia de Alberto Durero en su obra El Desesperado; los historiadores Alonso E. Pérez Sánchez y Fernando Marías, hacen hincapié en sus rasgos de retraso mental y en el realismo con el que el pintor sevillano representó a este personaje.

Velázquez, El bufón Calabacillas (detalle), 1635-1639
El bufón Calabacillas (detalle), 1635-1639
Óleo sobre lienzo
106 cm x 83 cm
Museo del Prado, Madrid

El bufón Calabacillas visto por mí…

Una mirada perdida, un rostro desdibujado, una paleta oscura... Podríamos continuar describiendo e incluso añadirle más detalles si nos preguntasen cómo es el retrato de El bufón Calabacillas. Porque cuando llegamos al Museo del Prado y nos encontramos frente a él, todas nuestras expectativas cambian radicalmente.

Velázquez, en medio de su estancia en la corte, quiso dejar patente la existencia de algunas personas que, por defecto físico o alguna enfermedad mental, acababan convirtiéndose en los bufones y payasos de la corte real. Pero en este caso, el pintor no quiso mofarse de su desgracia. No quiso plasmar pena ni desdicha. No apoyó la idea de burla como lo hacía el resto de la sociedad... Por el contrario, buscó la manera de retratar a Don Juan de Calabazas con la misma dignidad y con el mismo respeto característico de un personaje de la familia real. 

Como dije anteriormente, ni la mirada perdida, ni el rostro desdibujado o los tonos oscuros de las vestiduras son un impedimento a la hora de mostrarnos la pureza, la dulzura y la inocencia del ángel que el propio espectador puede apreciar...


Velázquez, El bufón Calabacillas (detalle), 1635-1639
El bufón Calabacillas (detalle), 1635-1639
Óleo sobre lienzo
106 cm x 83 cm
Museo del Prado, Madrid

lunes, 2 de enero de 2017

Padre, ¿Dios me perdonará? Soy la Goulue...

La Goulue, finales siglo XIX
La Goulue, finales del siglo XIX

Se llamaba Louise Weber y se dice que nació en Alsacia. Siendo pequeñita se trasladó junto al resto de su familia a Clichy (Francia), donde su madre encontró trabajo en una antigua lavandería.

El desparpajo de la niña, su carácter extrovertido y su afán por bailar, hacían que la pequeña Louise robase la ropa de la lavandería para imitar a las grandes bailarinas de París. Así pues, a la edad de 16 años ya contaba con suficiente experiencia para trabajar en salones y music-halls de la gran ciudad. 

La Goulue, 1885
La Goulue, 1885

Sus movimientos sinuosos, su ritmo incontrolable y la afición por beberse de un trago las jarras y las copas de sus clientes, hicieron que la joven se ganase el sobrenombre de “La Goulue” (la Glotona), en toda la ciudad de París

 Moulin Rouge: la Goulue, 1981
Toulouse Lautrec, Moulin Rouge: la Goulue, 1981
Litografía a color
122 X 84 cm
Coleccion privada (Estados Unidos)

Bajo la protección de un mercader de vinos algo aficionado al baile -Valentín el Deshuesado-, bailó el cancán parisino en las célebres madrugadas del Moulin Rouge; hasta que en 1985, y en la cumbre de su fama y poder, la bailarina decidió alejarse de las luces de bohemia del prestigioso cabaret.

Le Moulin Rouge
Le Moulin Rouge

Tras varios años actuando en una barraca montando su propio show, la fama y el prestigio que en su día iluminaron las luces de su juventud se fueron apagando poco a poco hasta que, en 1925, "la Goulue" quedó sumida en una profunda depresión por culpa de la miseria y el alcohol.

El 30 de enero de 1929 la famosa bailarina del Moulin Rouge vería apagarse para siempre el espectáculo de su vida... En su lecho de muerte, la anciana balbuceó: “¿Padre, Dios me perdonará? Soy la Glotona…”.


La Goulue est morte
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