miércoles, 27 de julio de 2016

Wamba renunciando a la corona...

Ribera, Wamba renunciando a la corona
Wamba renunciando a la corona, 1819
Óleo sobre lienzo
163 x 219 cm
Museo del Prado, Madrid

       Creada para adornar las estancias del salón central del Casino de la Reina y, haciendo pareja con la obra Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, Ribera crea esta magnifica obra  en 1819 tras pasar una temporada viviendo en Roma. El género lo englobamos de nuevo dentro de la pintura de historia. El tema elegido esta vez será un acto sucedido en España durante la Alta Edad Media. Es el momento en el que Wamba, el anciano rey visigodo,  renuncia al poder por no encontrarse en buena disposición para esto. Con un gesto de desaire, Wamba detesta la imposición de la corona. Uno de los hombres, armado con una espada, amenaza de muerte al anciano rey si este no continua con su mandato.


Ribera, Wamba renunciando a la corona
Wamba renunciando a la corona (detalle)



        Tanto esta obra como Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma están creadas con ciertos tintes patrióticos. Las composiciones son cuidadas y equilibradas. Los gestos y los rostros son fríos. Las actitudes en ambas obras son solemnes, dignas y nobles de acuerdo con la altura moral de sus protagonistas. Como si de una obra de teatro se tratase, las figuras aparecen en la escena como colocadas en un friso. Algunas de las posturas son equivalentes y le sirven a Ribera para limitar el propio espacio dentro de la escena…  Sin lugar a dudas, tanto las actitudes, gestos, luz y colorido de estos dos lienzos nos recuerdan a la obra de su maestro Jacques Louis David en El juramento de los Horacios.


Jacques Louis David, El juramento de los Horacios
El juramento de los Horacios, 1784
Óleo sobre lienzo
330 x 425 cm
Museé du Louvre, París

lunes, 25 de julio de 2016

Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma...

Ribera, Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma
Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, 1806
Óleo sobre lienzo
160 x 215 cm
Museo del Prado, Madrid


Hoy retomo de nuevo el tema de la pintura de historia con una pareja de lienzos fundamentales dentro del panorama pictórico español: Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma y Wamba renunciando a la corona.  

       Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, es una obra realizada por el pintor madrileño J. Antonio Ribera Fernández, uno de los artistas cumbre del Neoclasicismo Español junto con los pintores José Aparicio y José de Madrazo. Además de pintor, Ribera llegó a ser un destacado pedagogo y director del Museo del Prado entre los años 1857 y 1860. Su obra Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, fue realizada durante su estancia en París, y le supuso, aparte de un notable aumento de la pensión del Estado, la felicitación del propio Jacques Louis David, de quien Ribera era discípulo.

Ribera, Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma
Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma ( detalle)

El tema que representa es un pasaje narrado por Tito Livio: el joven Cincinato, conocido por sus hazañas heroicas y su honradez, recibe la visita de varios senadores romanos. Quieren que, en nombre del pueblo romano, Cincinato abandone sus tareas de labranza y dicte sus leyes en Roma para poder hacer frente a los enemigos de la ciudad. El joven accede a ello y será nombrado cónsul de Roma en el 460 a.C, pasando después a ser dictador durante dos ocasiones: en 458 a.C. y 439 a.C.

         Por último, y tras asumir el poder y reponer la paz en la ciudad, Cincinato abandonó Roma y se refugió de nuevo en su hacienda de labranza: un lugar tranquilo y sereno a las orillas del Tíber...

viernes, 22 de julio de 2016

Goya: "Maja y celestina"...


Goya, Maja y celestina
Maja y celestina, 1808-1812
Óleo sobre lienzo
166 x 108 cm
Colección Bartolomé March, Palma de Mallorca


Para terminar con la trilogía de Goya (Las viejas, Majas en el balcón y Maja y celestina), hoy voy a comentaros la última de estas tres obras: Maja y celestina. Como ya os dije en la entrada anterior, este lienzo también pertenece al género costumbrista del Madrid del siglo XVII, donde era habitual encontrar jóvenes asomadas a los balcones de la capital. Si echamos mano del refranero popular, nos encontramos con un refrán aragonés que describe perfectamente la intención de Goya: “Moño alto y polisón… dama de balcón”.

Goya, Maja y celestina (detalle)
Goya, Maja y celestina (detalle)

El tema, de nuevo, es la prostitución. Una hermosa joven está exhibiendo sus encantos delante de un balcón, de pie, con los brazos cruzados y la mirada altanera. Detrás, en las sombras y a la espera, aparece la celestina pasando las cuentas  de un rosario. Esta misma imagen la podemos encontrar en el Capricho Nº 31 (Ruega por ella), donde también aparece la figura de la alcahueta. Una y otra vez, Goya saca a colación la figura de la celestina: ese personaje literario, creado por Fernando de Rojas (1465-1541), que saltó de las páginas para convertirse en una figura paradigmática de la sociedad española. 

F. de Rojas, Tragicomedia de Calisto y Melibea
F. de Rojas, Tragicomedia de Calisto y Melibea
España, 1499

 La celestina será la encargada de buscar hombres adinerados para sus protegidas. Será la vieja, fea y codiciosa que pondrá a la venta la belleza de la juventud…
    

Goya, Maja y celestina (detalle)
Goya, Maja y celestina (detalle)

jueves, 21 de julio de 2016

Goya: "Majas en el balcón"...

Majas en el balcón, 1800-1814
Óleo sobre lienzo
194, 8 x 125, 7 cm
The Metropolitan Museum of Art, Nueva York


Continuando con la trilogía de Las viejas, Majas en el balcón y Maja y celestina os voy a comentar un poco sobre el segundo cuadro: Majas en el balcón. Este tema no es una invención del propio Goya. Murillo ya se hizo eco de él en sus Gallegas en la ventana, cuya copia estaba en el Palacio Real de Madrid e, incluso, si nos damos una vuelta por alguna colección dedicada a las costumbres de la vida madrileña en el siglo XVIII, nos daremos cuenta de que las representaciones de estas mujeres asomadas a un balcón son un tema muy común y un elemento característico de las fiestas de esta ciudad. 

Gallegas en la ventana,1670
Óleo sobre lienzo
127,7 x 106,1 cm 

National Gallery (Washington)

Pero Goya quería ir más allá. Lejos de ser una obra aparentemente costumbrista, el pintor se recrea en un tema que sobresale de lo anecdótico y lo tradicional para adquirir una dimensión mucho más trascendental: la prostitución




 Las dos mujeres que aparecen en el balcón están ataviadas con sus mejores galas, con mantillas y haciendo alarde de su belleza y juventud. Pero no se limitan simplemente a observar al espectador o a comentar algún espectáculo de la calle. Están tranquilas, serenas y firmes. Sonríen de esa forma tan inusual de las mujeres de Goya y con la mirada pícara propia de estas damas, invitando al transeúnte a subir al encuentro. Al fondo y casi en penumbras, aparecen dos majos medio enmascarados y con aire amenazador: están vigilando a estas chicas para "controlar" su trabajo. La mirada penetrante y fría y los ropajes oscuros y sombríos de estos hombres, contrastan notablemente con la escena del primer plano. Tanto la armonía del colorido, el dominio del marfil con el negro y las pinceladas sueltas y vigorosas, hacen que este lienzo resulte mucho más atractivo para el espectador que el resto de las obras de la trilogía.




¡Un saludo a tod@s!


miércoles, 20 de julio de 2016

Goya: "Las viejas" o "El tiempo"...

Goya, Las viejas o El Tiempo
Las viejas o El tiempo, 1810-1812
Óleo sobre lienzo
181 x 125 cm
Palais des Beaux-Arts, Lille


 Hoy os traigo una imagen muy curiosa de uno de mis pintores preferidos: Francisco de Goya. Su obra Las viejas es una de las imágenes que, junto con Maja y celestina y Majas al balcón, formaron parte de la galería española de Luis Felipe en 1838. En todas ellas el tamaño de los personajes es el mismo e, incluso, se ha llegado a saber mediante radiografías que estos cuadros habían sido pintados sobre lienzos anteriores de unas texturas muy gruesas <<símbolo por el que se consideraba que el pintor era un mediocre>>. Es decir, Goya quiso aprovechar varios lienzos antiguos de pintores de menor calidad para hacer estas obras y, por eso, bajo Las viejas se encuentra una Crucifixión (en la parte superior), una Resurrección (a pequeña escala) y otro personaje superpuesto que no está bien identificado. ¿Podríamos formar una especie de tríptico de connotación moral y social, si reunimos estas tres obras?

Comencemos, pues, con el análisis de Las viejas (aunque también aparecen en el inventario de 1812 bajo el nombre de El Tiempo). Con esta obra, Goya quiso ir más allá que en su Capricho nº 55 (Hasta la muerte) a la hora de representar la coquetería femenina. En ambos trata el mismo tema: el paso del tiempo.

Goya, Las viejas (detalle)


El rostro de la mujer que está en primer plano aparece demacrado, arrugado y fatigado por el transcurrir de los años. Sin embargo, el afán y el ansia por verse atractiva y femenina hacen que esta mujer se presente en sociedad casi como un esperpento: lleva una gran cantidad de maquillaje, va ataviada con ropa de baile y luce lujosas joyas (aquí vemos como lleva la flecha de amor entre sus cabellos, como lo hacía la reina María Luisa). La vieja de tez oscura y desdentada le acerca un espejo en cuyo reverso aparecen dos palabras: “Que tal?”. La muerte, oscura, vieja y desdentada, pretende mostrarle de frente la cruda realidad a la mujer demacrada. 


Goya, Las viejas (detalle)

                                           
Esta es la pregunta trampa del tiempo. La muerte y el Tiempo acechan a esta mujer que posa ante un espejo convencida de gozar la plenitud. En el fondo, y sin perder a las damas de vista, aparece un viejo con alas y aspecto descuidado que porta una escoba a modo de guadaña: es el dios Kronos, el símbolo del Tiempo.


Goya, Las viejas (detalle)



La mujer anciana que luce sus mejores galas se recrea inocente delante del espejo. No sabe que tiene a su lado y como compañeros a la propia muerte y al Tiempo. Ambos están burlándose de ella, ambos están jugando con el fino hilo de la vejez, la decadencia y el sufrimiento…







¡Un saludo a tod@s!

lunes, 18 de julio de 2016

Caravaggio...

Caravaggio


Tal día como hoy, el 18 de julio de 1610, aparecía en una playa al norte de Roma el cuerpo sin vida de Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio, cuando no contaba todavía con 40 años de edad. Aquí os traigo una pequeña “pincelada” sobre la escandalosa vida de este pintor italiano, sobre el que se sientan los cimientos de lo que más tarde será el arte barroco.


Caravaggio, Muchacho con cesto de frutas
Muchacho con cesto de frutas
aprox. 1593-1594
Óleo sobre lienzo
70 x 67cm
Galleria Borghese, Roma

Estamos sin duda ante el pintor más misterioso, enigmático y revolucionario de la Historia del Arte. El dramatismo y la teatralidad que enturbia su vida se verán reflejados en todas y cada una de sus obras. Arrestado y encarcelado en varias ocasiones tras confesar un asesinato y otros graves delitos, Caravaggio fue un pintor que trabajaba con gran rapidez, prácticamente sin bocetos previos, sellando en el lienzo los contornos de sus personajes.   

Caravaggio, Crucifixión de San Pedro
Crucifixión de San Pedro, 1601
Óleo sobre lienzo
230 x 175 cm
Iglesia de Santa María del Popolo, Roma

 Quizá, en este ir y venir entre mazmorras, Caravaggio decidió romper con las formas limitadas y académicas del Manierismo que, décadas atrás, habría impuesto Miguel Ángel con su “maniera” de pintar.

Caravaggio, La flagelación de Cristo
La flagelación de Cristo, 1607
Óleo sobre lienzo
286 x 213cm
Museo e Galleria Nazionale di Capodimonte, Nápoles

            Ahora hay un nuevo impulso: se plasma un lenguaje más realista, más teatral. Cada instante está teñido por el drama más profundo; los personajes ya no serán claros ejemplos de vida y dignidad: ahora toma como modelos a personas de la calle incluso para las escenas sagradas. Prisioneros, borrachos, mendigos y prostitutas serán los encargados de transmitir al espectador este nuevo lenguaje, esta manera de pintar. Cada obra, cada escándalo, era una nueva oportunidad para artista de presentar al mundo la naturaleza y la verdad.


Caravaggio, Magdalena Penitente
Magdalena Penitente, 1597
Óleo sobre lienzo
122 x 98 cm
Palazzo Doria Pamphili, Roma


martes, 12 de julio de 2016

Doña Isabel la Católica dictando su testamento (II)

Rosales, Doña Isabel la Católica dictando su testamento
Doña Isabel la Católica dictando su testamento (detalle),1864
Óleo sobre lienzo
287 x 398 cm
Museo del Prado, Madrid




En el Castillo de la Mota, sobre su lecho de muerte, aparece Isabel la Católica. Está tumbada sobre una cama entre almohadones y cubierta con dosel que termina en el escudo de armas de Castilla. Su cara, cansada y envejecida por la enfermedad, está enmarcada por un velo blanco que se sujeta al pecho con un broche: son la venera y la cruz de Santiago. La mano derecha sobresale del lecho y con el dedo índice señala los documentos que redacta Gaspar de Gricio, su escribano: en estos momentos se está dictando la última voluntad de una reina. 


Rosales, Doña Isabel la Católica dictando su testamento
Dentro de la sala regia y, situados junto al lecho de muerte, se encuentran su esposo el rey Fernando el Católico y su hija, Juana la Loca. Ambos se muestran abatidos, desolados; sus miradas están perdidas, vacías y llenas de tristeza ante el trágico suceso que se aproxima. Rosales quiso plasmar la psicología y los matices de cada personaje. Por eso vemos que el rostro de la reina nos transmite la paz y el sosiego propio en una moribunda; su hija, Juana, aparece resignada y perdida en su locura; su esposo, el rey Fernando el Católico, se muestra abatido y preocupado por el futuro que le espera ante un reinado en solitario.

Rosales, Doña Isabel la Católica dictando su testamentoA la derecha, y buscando el equilibrio visual entre todas las figuras, Rosales sitúa detrás del escribano a un grupo de personajes entre los que reconocemos a los marqueses de Maya –encargados de los cuidados de la reina-, algunos nobles de la época y al Cardenal Cisneros.
 Doña Isabel la Católica dictando su testamento es una obra que recoge ciertas influencias de Velázquez, como puede apreciarse en la sombría escala de colores que se utiliza y en la pincelada ancha y deshecha de los dibujos. Por todo esto, y por el fuerte realismo atmosférico, la luz recorre la habitación en penumbra de una moribunda y se ciñe con suavidad en el centro de la imagen para que destaque única exclusivamente Isabel la Católica, reina y protagonista de esta hermosa obra de arte.

¡Un saludo a tod@s!

lunes, 11 de julio de 2016

Doña Isabel la Católica dictando su testamento...

Rosales, Doña Isabel la Católica dictando su testamento
Doña Isabel la Católica dictando su testamento, 1864
Óleo sobre lienzo
287 x 398 cm
Museo del Prado, Madrid



Hoy voy a hablaros de la que está considerada como una de las obras más importantes de la pintura de historia, que marcará un antes y un después en la realización de obras de este género: Doña Isabel la Católica dictando su testamento.

Esta maravilla del arte español, fue realizada en 1864 por el pintor madrileño Eduardo Rosales Gallinas a sus 28 años de edad -mientras estaba estudiando en Roma- y, tres años después, decide presentarla en la Exposición Universal de Paris de 1867. El impacto y la sorpresa que causó fue tan grande que Doña Isabel la Católica dictando su testamento fue galardonada con la medalla de oro de la Exposición Universal y condecorada con la Legión de Honor.

Para llevar a cabo una obra de tal envergadura como esta, Rosales realizó una intensa labor de investigación previa, de la que hoy en día tenemos constancia gracias a la correspondencia que se encontró del propio artista y a un estudio realizado por el historiador Xavier de Salas. Rosales quiso darle la mayor veracidad histórica posible y para ello se documentó con muebles de la época de Isabel la Católica, retratos del Cardenal Cisneros, e incluso llegó a realizar numerosos bocetos previos con el rostro de cada personaje que aparecía en la escena.

En el dormitorio principal de un castillo de Valladolid, descansa la reina Isabel la Católica sobre su lecho de muerte…


domingo, 10 de julio de 2016

El último día de Numancia...

El último día de Numancia, 1858
Óleo sobre lienzo
367 x 524 cm
Museo del Prado, Madrid



   Con cierta alternativa a la pintura clasicista, el pintor catalán Ramón Martí Alsina (1826-1894) crea en 1858 esta espectacular obra. Durante un largo periodo de tiempo se llegó a pensar que este cuadro había desaparecido, pero la verdad es que pasó algunos largos años enrollado en el sótano del Museo del Prado.

Martí Alsina, El último día de Numancia


Estamos ante una obra de temática histórica: Alsina recrea los instantes previos a la destrucción de Numancia. Los numantinos se agrupan ante las tropas de soldados romanos y, antes de la ceder a la rendición, deciden quemar por completo la ciudad -aunque esto suponga tener que escribir también el final de sus días-. De entre la muchedumbre y el gentío que se acumula a las puertas de la ciudad, destaca la presencia de un numantino: acaba de matar a su esposa y ha matado también a su propio hijo. El último de ellos en morir será él, quien se suicidará clavándose, con rabia y miedo, el cuchillo que empuña en su mano izquierda y con el que ha puesto fin a la vida de sus seres queridos.

       Entre el fondo, vemos a un anciano que arenga a los numantinos a que se suiciden antes de que las llamas y las lanzas romanas acaben con sus propias vidas. Una pareja de enamorados aparece despidiéndose con un largo beso, intentando de esta manera prolongar el fatídico final que les espera… Todo esto ocurrió para mantener en pie el orgullo y el honor de Numancia y de sus habitantes, antes de que el ejercito romano saquease por completo la cuidad.



Martí Alsina, El último día de Numancia


Pero entre todas las figuras, entre el horror y el espanto de estas escenas, sobresale la imagen de un joven semidesnudo. Está levantando un brazo y, con la mano contraria, señala al suelo: es el único acto de rebeldía que vemos en el cuadro... aparece de pie y erguido, pisando las insignias romanas. 

     Era, sin duda, una temática idónea para que Martí Alsina pudiese demostrar al mundo su conocimiento y dominio en el tratamiento de los cuerpos, los gestos y la psicología de sus personajes.

¡Un saludo a tod@s! 


sábado, 9 de julio de 2016

Los amantes de Teruel (II)

Muñoz Degrain, Los amantes de Teruel
 Los amantes de Teruel (detalle), 1884
Óleo sobre lienzo
330 x 516 cm
Museo del Prado, Madrid

   El interior de la iglesia está muy oscuro. Apenas se distinguen los rostros de los familiares que permanecen inmóviles velando al cuerpo. En la zona central, y más iluminado que el resto de la composición, aparece el joven Diego Juan Martínez de MarsillaEstá amortajado y vestido con su uniforme dentro de una caja de madera sobre catafalco de bronce dorado. Pero lo que más nos impresiona es ver sobre él la figura de Inés, vestida aún con  su traje nupcial. 


Muñoz Degrain, Los amantes de Teruel



      Después del rechazo que sufre el joven Diego, este cae muerto en el suelo de la Iglesia donde esa misma mañana se había celebrado la boda de su amada Inés de Segura. Durante el velatorio, Inés se acerca al féretro e, impulsada por el eterno amor que se procesaban los amantes, esta besa por fin los labios de Diego, tras cinco largos años de espera para el regreso de su amado. Pero el dolor y el sufrimiento por su muerte son tan grandes, que la joven muere después de apartar los labios de su amado.

Muñoz Degrain, Los amantes de Teruel

Nadie se percata de la situación. Los dos amantes ya se han unido, pero en la muerte. Nada cambia a su alrededor. Las personas del fondo siguen mirando y contemplando la escena de los dos enamorados ajenos a lo que acaba de ocurrir. En su caída, Inés tira al suelo las flores y los cirios que rodean al féretro. El cirio, aunque todavía humea, ya se ha apagado. Sus vidas, como la del cirio, acaban de apagarse juntas.   


Degrain capta perfectamente la dulzura de los rostros, el anhelo y el descanso eterno de los amantes que, por fin, se han reunido como años atrás pactaron. Ya han cumplido su promesa: reencontrarse y permanecer siempre juntos, aunque esta vez, bajo el velo de la muerte.




¡Un abrazo a tod@s!

miércoles, 6 de julio de 2016

Los amantes de Teruel...

Los amantes de Teruel, 1884
Óleo sobre lienzo
330 x 516 cm
Museo del Prado, Madrid

Hoy voy a hablaros sobre Los amantes de Teruel (1884). Este cuadro fue realizado por el valenciano Antonio Muñoz Degrain mientras estaba estudiando en Roma. Posteriormente, será reconocido como un gran paisajista dentro del mundo de la pintura, pero en sus comienzos, abordó una amplia variedad de temas entre los que se encuentran, cómo no, la pintura de historia.

Para esta obra, Degrain no elige un tema histórico convencional. Se decanta por el ambiente idílico -y a veces trágico- que envuelven las leyendas de amores no correspondidos. Tal es el afán de Degrain por contar historias a través de su pintura que, basándose en un texto extraído del archivo de Teruel, nos relata el desdichado romance entre Inés de Segura y el empobrecido noble Diego Juan Martínez de Marsilla en torno a 1212. 

Diego de Marsilla quiso casarse con Inés pero su familia no lo permitió, ya que este no poseía el nivel económico suficiente para estar “a la altura” de los Segura. Ante este hecho, el joven decidió salir a buscar fortuna lejos de su amada, prometiéndole que, tras cinco años de ausencia, volverían a reunirse para contraer matrimonio. El tiempo fue transcurriendo, y la joven Inés esperaba cada día el retorno de su amado. Pero, por desgracia, cuando estaba a punto de cumplirse el plazo propuesto para el reencuentro entre los amantes, los padres de Inés decidieron casarla con otro hombre. Cuando Diego regresa a Teruel, descubre que su amada nunca esperó su regreso. Aquel mismo día, ella acababa de contraer matrimonio con otro hombre. Ante tal dolor y desesperación, Diego le pide un único beso, el último beso entre los dos amantes; pero la joven se niega al ser ya una mujer casada, y Diego cae al suelo muerto de dolor, de rabia y desolación. 

En el interior de la Iglesia de San Pedro se coloca un féretro. Esa misma noche, se va a velar el cadáver de Diego Juan Martínez de Marsilla…

martes, 5 de julio de 2016

Las hijas del Cid...


Pinazo, Las hijas del Cid
Las hijas del Cid, 1879
Óleo sobre lienzo
187 x 124 cm
Museo de Bellas Artes de Valencia


Continuamos con la pintura de historia. En esta entrada os hablaré de Las hijas del Cid (1879), obra realizada por el pintor español Ignacio Pinazo en 1879. Tras conseguir una beca en Roma, envía a España este cuadro <<junto con algunas copias de escultura y varios dibujos al natural>>, para demostrar su aprendizaje y dominio en el tratamiento del desnudo. Pero Pinazo no quiso recrear una escena singular: elegirá uno de los pasajes mas duros del célebre Cantar de Mio Cid: Doña Elvira y Doña Sol, las hijas del Cid, han sido violadas por sus esposos, los Infantes de Carrión. Están maltratadas, golpeadas y atadas de pies y manos en el robledal de Corpes, con la única esperanza de que alguien las salve para no ser devoradas por los lobos o por las fieras del campo.


Pinazo, Las hijas del CidLas dos jóvenes aparecen desnudas, con sus ropajes por el suelo. Esto simboliza la deshonra y el cumplimiento de la venganza por parte de los Infantes de Carrión contra Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Las hermanas permanecen juntas, unidas bajo la misma desdicha y el mismo dolor. No hay consolación para ellas.  Sus cuerpos, mórbidos y sensuales, junto con la piel blanca y tersa, destacan sobre el fondo abrupto del paisaje. Una de las muchachas permanece agazapada, ocultando su rostro y su desgracia bajo su larga cabellera; la otra, mirando al frente, nos enseña un rostro maltratado y fatigado, que transmite el dolor, la desesperación y la rabia que sienten las dos jóvenes.


                                  
Pinazo, Las hijas del Cid


Con esta obra, Pinazo logra que el abandono, la vejación y la desgracia allí ocurrida se almacenen en la retina del espectador, para que este no se centre solo en los cuerpos desnudos, sino en la atrocidad y crueldad de este pasaje histórico y literario.


¡Un saludo a to@s!


lunes, 4 de julio de 2016

Doña Juana la Loca (II)

Pradilla, Doña Juana la Loca
Doña Juana la Loca (detalle), 1877
Óleo sobre lienzo
340 x 500 cm
Museo del Prado, Madrid

Para la realización de Doña Juana la Loca, Pradilla se basó en el drama histórico Locura de amor (1855), obra teatral basada en la tormentosa relación de los monarcas españoles, cuyo tema principal son los celos enfermizos de Juana la Loca hacia su marido Felipe el HermosoPradilla reúne todos los detalles de esa obra <<por más insignificantes que parezcan>> y los plasma de manera fiel en su pintura; incluso se atreve con detalles propios de un gran maestro: captar la psicología de una reina desdichada, enferma de amor y cautiva de sus propios pensamientos.


Pradilla, Doña Juana la Loca  De pie, erguida y situada en el centro dominando la composición, aparece Doña Juana la Loca. Va ataviada con un traje de terciopelo negro y una toquilla sobre su cabeza. Bajo el traje podemos ver como se asoma su barriguita de embarazada. En las manos porta dos anillos: el de su esposo Felipe el Hermoso y el suyo propio, ambos en un mismo dedo como símbolo de viudedad. Su mirada está perdida, vacía en el infinito. La toquilla del pelo se mueve por el viento y vemos como su rostro está desencajado por el frío, la angustia y la soledad.



Pradilla, Doña Juana la Loca Por otra parte, aparece el féretro entre unos candelabros. La decadencia de Juana la Loca llegó a tal punto que, en cada parada, ella se acercaba al féretro y obligaba a que abriesen la caja para comprobar que su esposo aún seguía allí dentro. Ahora aparecen en escena el resto de los personajes: resignados y esperando a que Doña Juana cumpla su cometido, supervisando una y otra vez el féretro de su esposo. Vemos personajes con la mirada perdida, otros absortos por el cansancio, agotados, aburridos, etc. 




Este magnífico engranaje de la historia, los numerosos bocetos previos, e incluso una réplica posterior, hacen de Doña Juana la Loca una obra de gran relevancia en el panorama artístico español, gracias a la maestría del pintor, la temática histórica y la gran carga emocional que transmite al espectador.

¡Un saludo a tod@s!


viernes, 1 de julio de 2016

Doña Juana la Loca...

Doña Juana la Loca
Doña Juana la Loca, 1877
Óleo sobre lienzo
340 x 500 cm
Museo del Prado, Madrid.



Doña Juana la Loca (1877) es una obra con tintes románticos en su concepción,  tema y estilo, ya que  bajo su condición regia, reúne historias de pasión, celos, locura y un amor no correspondido...


Esta obra fue realizada por el pintor español Francisco Pradilla y Ortiz en su etapa de juventud. El cuadro fue expuesto por primera vez en Roma, donde alcanzó un notable éxito, aunque el verdadero reconocimiento le llegaría tras la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1818 en Madrid. La escena plasma un momento del viaje que realizó Juana la Loca <<desde la Cartuja de Miraflores hasta Granada>> acompañando al féretro de su esposo Felipe el Hermoso.


La comitiva fúnebre estaba compuesta por prelados, nobles, caballeros, eclesiásticos y un numeroso grupo de  personas que se incorporaban a pie o a caballo desde los pueblos aledaños por donde esta pasaba. Caminaban solo durante la noche, ya que Doña Juana huía de la luz del día. En los pueblos en los que paraban para descansar, se realizaban funerales en los monasterios habitados por monjes, donde había órdenes expresas de Juana la Loca de impedir la entrada a cualquier mujer. Tanto es así que, en una de estas paradas, la comitiva creyó que el monasterio donde se encontraban estaría habitado por monjes, pero no.  Tal fue la frustración y el ataque de celos de Doña Juana al descubrir que se trataba de un convento de monjas que,  enfurecida, ordenó a la comitiva fúnebre que velaran el cuerpo de su esposo muy lejos de aquel lugar y de aquellas mujeres, castigándoles, por tanto, a preparar un velatorio en pleno campo y a la intemperie; condenando a la comitiva a permanecer en aquel lugar inhóspito, sin un techo donde poder descansar y sin poder refugiarse de las pésimas condiciones climatologías de aquel mes de diciembre…
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