miércoles, 28 de diciembre de 2016

Guido Reni: La matanza de los Inocentes...

Guido Reni, La matanza de los Inocentes, 1611
Guido Reni, La matanza de los Inocentes, 1611
Óleo sobre lienzo
268 cm X 170 cm
Pinacoteca Nazionale, Bolonia

Según el Evangelio de San Mateo y algunos Evangelios Apócrifos, tras el nacimiento de Jesús (s.I), Herodes I el Grande mandó matar a todos los niños menores de dos años que hubiera en la ciudad, para evitar que el Mesías anunciado por los los Magos de Oriente llegase algún día a gobernar.  

Guido Reni, La matanza de los Inocentes, 1611  (detalle)

A pesar de aparecer recogidos en los Evangelios, grandes estudiosos como Antonio Piñero, entre otros, ponen en tela de juicio la magnitud de estos hechos, pues la ciudad de Belén poseía un escaso número de habitantes y, de haber sucedido una matanza de tal magnitud -se habla de unos 140.000 niños- hubiese sido recogida por los cronistas de la época. No obstante, estos asesinatos sí llegaron a producirse, aunque las víctimas mortales no alcanzaron la veintena. 

<<Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió matar a todos los niños de Belén y de toda la comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen>>.

Mateo 2, 16-18


Guido Reni, La matanza de los Inocentes, 1611 (detalle)

En esta escena que el boloñés Guido Reni elabora en su época de juventud, aparecen (perfectamente estructurados) un grupo de hombres, mujeres y niños junto a dos angelotes que portan las palmas del martirio. La escena se encuadra sobre un fondo de arquitecturas lúgubres y sombrías que reflejan el terrible suceso que se está llevando a cabo: las jóvenes madres intentan sin éxito apartar el frío aliento de las espadas de los soldados que, sin mayor esfuerzo, consiguen alcanzar sus objetivos; soldados que, sin piedad, logran arrebatar la incipiente vida de los cuerpecitos recién nacidos...


Guido Reni, La matanza de los Inocentes, 1611 (detalle)

sábado, 10 de diciembre de 2016

Santa Eulalia de Mérida...

Santa Eulalia de Mérida


Cuenta Prudencio, un destacado poeta del siglo IV, que allá por el año 292 d.C nació en Emérita Augusta (actual Mérida) una joven cuya vida pasaría a formar parte de la Historia de la Cristiandad.

Eulalia, que así se llamaba, a pesar de haber nacido en el seno de una familia acomodada, comenzó a rechazar desde muy niña los juguetes, las joyas y los adornos femeninos con los que la obsequiaban. A la corta edad de doce años, la joven ya había decidido cuál sería su vocación: mantener intacta su virginidad y alcanzar el cielo.

Pero, por este tiempo, había llegado a la ciudad el decreto del emperador Diocleciano que obligaba a los cristianos a cesar el culto a Jesucristo y comenzar a adorar otros ídolos paganos. Ante esta terrible noticia, los padres de Eulalia -asustados y con temor a que esta se revelara en contra de los gobernantes- se la llevaron recluida a una pequeña casa a las afueras de la ciudad, junto al río Albarregas. De esta forma, la niña permanecería ajena a los peligros y las revueltas de la ciudad donde, sin duda, podría sufrir la pena de muerte si proclamaba su fe o fidelidad a Cristo.

Pero con lo que no contaron los padres es que, la madrugada del 10 de diciembre del año 304 d.C, Eulalia decidiera abandonar el refugio familiar para iniciar, con fuerza y sin miedo, un trayecto que la llevaría hasta las mismas puertas de la ciudad. Antes de que los primeros rayos de sol alcanzasen las piedras de foro, la joven se presentó ante los tribunales y proclamó su amor y su deseo de estar con Dios: ningún ídolo suplantaría jamás la divina imagen de Jesucristo...

Ante este escándalo, los verdugos se acercaron a ella y comenzaron a desgarrarle con fuerza sus tiernos pechos, mientras los garfios y las puntas de los látigos golpeaban con tanta furia su cuerpo que sus costados se abrieron de par en par, hasta la altura del hueso. La niña, lejos de manifestar queja alguna, comenzó a exclamar orgullosa alabanzas hacia Cristo: “He aquí que escriben tu nombre en mi cuerpo…” y comenzó una retahíla de oraciones que nadie pudo parar.


Ni sus pequeños miembros desgarrados, ni la suave piel hecha jirones, ni la cálida sangre que rezumaba por los poros de su piel, impidieron que la niña se asustase y aceptase por fin adorar a otros dioses… Ante esto, los verdugos le aplicaron último castigo: la pena de muerte. 

 Su larga y hermosa cabellera, que recubría todo su cuerpecito martirizado, prendió en llamas cuando se acercaron las antorchas del emperador. Eulalia, sabiendo que su momento había llegado al fin, se inclinó y abrió la boca para absorber con fuerza una de las llamas que se dirigían con fuerza hacia su cara y, al pronto, de la boca de la virgen salió una paloma blanca que se elevó valerosa hacia el cielo… Era el alma pura y virgen de la mártir que, por fin, emprendía su vuelo hacia Dios. Enseguida, comenzó a caer tal nevada sobre la ciudad y el foro de Mérida que, los allí presentes, observaron con asombro cómo las reliquias de la joven mártir se cubrían con un finísimo velo blanco que protegía su virginidad.

     Aquella mañana del 10 de diciembre del año 304 d.C., Santa Eulalia de Mérida por fin se reunía con Dios...

jueves, 8 de diciembre de 2016

Murillo: Inmaculada Concepción...

Murillo, Inmaculada Concepción de los Venerables, 1678.
Murillo, Inmaculada Concepción de los Venerables, 1678
Óleo sobre lienzo
274 x 190 cm
Museo del Prado, Madrid

   
 El tema mariano fue uno de los más representados durante el siglo XVII. Murillo supo captar la fórmula exacta para crear sus vírgenes y que estas llegaran a ser el icono característico del pintor sevillano. Tras siglos con la misma representación, el sevillano cambió por completo la iconografía de la Virgen: 

  • Emplea nuevos colores para el manto y el vestido. Ahora pintará sus Inmaculadas en blanco y azul y aparecerán envueltas en un misterioso halo dorado -símbolo de su pureza y luz divina- en cada una de sus representaciones. 
  • Sus manos aparecen recogidas sobre el pecho, en señal de oración.
  • Los rostros y las miradas son dulces y en actitud triunfante. Ya no hay dolor. No hay sufrimiento ni letanías.

 Murillo se especializará en la creación de vírgenes y santos de una manera tal que, a lo largo de su trayectoria profesional, llegaría a realizar una veintena de Inmaculadas de similar iconografía. Por este motivo, al artista sevillano del Barroco español, se le conoce también con el sobrenombre de: “Murillo, el pintor de Vírgenes”...

viernes, 2 de diciembre de 2016

Bartolomé Esteban Murillo...

Murillo, Autorretrato, c.1670
Autorretrato, c.1670
Óleo sobre lienzo
122 x 107 cm.
National Gallery
Londres

Nacido en Sevilla (España) y huérfano a los nueve años, el pintor y dibujante Bartolomé Esteban Murillo, considerado como el pintor de los rostros dulces y las formas delicadas, comenzó su andadura en el mundo del Arte cuando ingresó en el estudio sevillano de Juan del Castillo -aunque no se conserva ningún contrato de aprendizaje del mismo-.  Pero tendrían que pasar 18 años hasta que le llegase su primer encargo importante: la realización de once lienzos para el Monasterio de San Francisco el Grande, en su ciudad natal, Sevilla.

San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres, 1646

San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres, 1646

Óleo sobre lienzo

173 x 183 cm.
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando,
Madrid

     Durante la década de 1650, su producción artística aumentó considerablemente, convirtiéndose en uno de los retratistas más afamados de la época. Debido a la llegada de tantos encargos, Murillo tuvo que cambiar en numerosas ocasiones de vivienda pero, cuando lo hacía, no iba solo: tras contraer matrimonio en 1645 con Beatriz Cabrera y Villalobos, el pintor logró formar una familia numerosa que lo acompañaba en cada nueva ciudad.

Sagrada Familia del pajarito, 1649-1650
Sagrada Familia del pajarito, 1649-1650
Óleo sobre lienzo
144 x 188 cm.
Museo del Prado, Madrid



Niño espulgándose, c.1650
Niño espulgándose, c.1650
137 x 115 cm.
Óleo sobre lienzo
Museè du Louvre, París

Pero este periodo tan fructífero, donde realizó numeroso encargos de retratos, retablos y altares, cesó de repente en diciembre de 1663 cuando Beatriz, la que fue su esposa durante dos décadas, se despidió de él para siempre. Tras la muerte de su esposa, Murillo se sumergió en su vida laboral trabajando horas y horas sin descanso, comenzando una etapa que le llevaría al culmen de su carrera y al máximo esplendor de su carrera artística.

Nacimiento de la Virgen, 1660
Nacimiento de la Virgen, 1660
Óleo sobre lienzo
185 x 165 cm.
Museè du Louvre, París



El buen pastor, 1660
El buen pastor, 1660
Óleo sobre lienzo
123 x 101 cm.
Museo del Prado, Madrid


Inmaculada Concepción de El Escorial, 1660-1665
Inmaculada Concepción de El Escorial, 1660-1665
Óleo sobre lienzo
206 x 144 cm.
Museo del Prado, Madrid
 Uno de estos días, mientras se encontraba trabajando en el altar de la iglesia de los  Capuchinos de Cádiz, el pintor resbaló del andamio y cayó al suelo gravemente herido… Los desposorios místicos de Santa Catalina (obra en la que estaba trabajando) no volvieron nunca a ver sus manos…

Los desposorios místicos de Santa Catalina, 1682
Los desposorios místicos de Santa Catalina, 1682
Óleo sobre lienzo
449 x 325 cm.
Museo de Cádiz, Cadiz


El 3 de abril de 1682 y, tras varios meses luchando por sobrevivir, el afamado “pintor de Vírgenes” Bartolomé Esteban Murillo cerraba su paleta para siempre…

lunes, 28 de noviembre de 2016

Un paseo por...el claustro del Monasterio de Guadalupe

JosefinaPG, Interior del claustro mudéjar del Monasterio de Guadalupe
Interior del claustro mudéjar del Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres


                        
Una de las cosas que más destaca la gente que visita el Monasterio de Santa María de Guadalupe, es la sensación de calma y serenidad que siente cuando recorren sus estancias y pasean libremente por el claustro. Así pues, hoy voy a hablaros de esta maravillosa zona del santuario: el claustro mudéjar, su templete y el claustro gótico.


De forma rectangular y con cuarenta metros de lado se realizó, a finales del siglo XIV, un hermoso claustro de estilo mudéjar decorado con lienzos de fray Juan de Santa María (siglo XVII) en los que aparecen algunos de los milagros de la Virgen. Pero su fama le viene dada por la mezcla de todo esto unido a las sensaciones que el propio peregrino experimenta: nos quedamos absortos, fascinados ante un lugar tan bello. Caminar sobre las tumbas, ver los sepulcros de los que, en un tiempo pasado, habitaron en este lugar (como el que realizó Egas Cueman para Fray Gonzalo de Illescas) produce una sensación de misterio y melancolía; una sensación de paz y recogimiento tal que, incluso por un instante, imaginas la vida de aquellos frailes y sus paseos por este lugar, sumidos en un halo de misticismo y serenidad.


Claustro y Templete mudéjar del Monasterio de Santa María de Guadalupe
Claustro y templete mudéjar del Monasterio de Santa María de Guadalupe

Fuente: www.monasterioguadalupe.com

No puedo dejar atrás la maravillosa imagen del templete mudéjar que destaca en el centro del patio. Su autor, fray Juan de Sevilla, supo aunar en él el ladrillo y el barro cocido con la decoración de azulejos, yeserías y corchetes de cerámica propios del estilo mudéjar. La cruz de hierro que remata la obra, nos hace de guías hasta la parte superior del claustro. Un segundo cuerpo de arcos toma ahora el protagonismo: el claustro gótico o “de la botica” es una magnífica obra arquitectónica de planta rectangular y fábrica de ladrillo que, actualmente, se incluye en la Hospedería del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe y su uso es exclusivo para sus clientes.


Claustro gótico del Monasterio de Santa María de Guadalupe
Claustro gótico del Monasterio de Santa María de Guadalupe

Fuente: www.monasterioguadalupe.com
  

Estas tres obras, estas tres piezas clave del Monasterio de Santa María de Guadalupe, hacen que el peregrino que llega al lugar consiga emocionarse de una forma tal que, al despedirse, solo piense en una cosa: algún día tengo que regresar…

viernes, 25 de noviembre de 2016

Festival de Teatro Clásico de Mérida...

Imagen del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida
Imagen del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

Fuente: www.festivaldemerida.es

Aprovecho para hacer un pequeño paréntesis en nuestro recorrido por el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, para hablaros sobre una noticia que se publicó hace unos días en los medios de comunicación. La mañana del 17 de noviembre de 2016 El Periódico Extremadura anunciaba que el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida aspiraba a ser declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.


     Desde aquella noche del verano de 1933 -en la que Margarita Xirgu representó la Medea de Séneca (bajo la versión de Miguel de Unamuno)hasta hoy, las columnas del viejo teatro han dado cobijo a numerosas representaciones en las que los más afamados y exitosos profesionales del mundo de la interpretación, han tenido el privilegio de estremecer al público sobre sus piedras milenarias...


        Pero no solo el actor que sube al escenario siente esa mágica sensación. El espectador, a pesar de las excelentes críticas que conozca sobre este festival, no es capaz de imaginar la magnitud de la belleza y el halo de misterio que, verano tras verano, envuelve el espacio del Teatro Romano de Mérida.


     Nosotros, pequeños y asombrados ante la inmensidad y la belleza de esta obra arquitectónica, asistimos a la representación de comedias y tragedias sin saber que, cada una de nuestras emociones, quedarán selladas para siempre entre sus piedras...

domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Conoces la Sacristía del Monasterio de Guadalupe?

Sacristía del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres.
Sacristía del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres

       La llaman “reina de las sacristías de España" o “la  Capilla Sixtina española” y no es para menos. Al cruzar sus puertas, nuestro aliento se “entrecorta” y la respiración se nos hace muy débil, cada vez menos perceptible... De repente, notas que tu boca y tus ojos se han abierto de par en par mientras en tu cabeza solo asoma una pregunta… ¿Estaré soñando...? 


        Sobre una superficie de planta rectangular del siglo XVII -de 17,65 metros de longitud y 7,70 metros de ancho- se dispone una exquisita ornamentación a base de mármoles, pinturas al temple en paredes y bóveda, espejos y, sobre todo, los magníficos lienzos que el maestro extremeño Francisco de Zurbarán realizó, expresamente a medida, para este espacio.


      Adentrado el mes de febrero del año 1639, fray Juan de San José, procurador del Real Monasterio de Guadalupe, otorga el poder para que se le encargue a Francisco de Zurbarán las pinturas de la sacristía del monasterio. En el contrato, se especificaba que el pintor del Rey y “pintor de ymaxinería al olio” se obligaba a hacer siete lienzos de religiosos hijos del convento, de iguales medidas cada uno: tres varas y media de alto y dos y media de ancho, por un importe total de 7.350 reales


      Los padres que aparecen representados en los lienzos, servirían como ejemplo para la adoctrinación de los novicios del convento, ya que, siguiendo sus correctas actitudes, estos alcanzarían la salvación divina. El Recogimiento y clausura de la celda con Fray Gonzalo de Yllescas, el Silencio con el padre Pedro de Salamanca o La Caridad representada por el Fraile Martín de Vizcaya repartiendo limosnas, son algunos de los magníficos ejemplos de esta colección pictórica.


Pero, si alzamos la vista hacia la bóveda, veremos una elegante decoración de estilo barroco y frescos dedicados a la vida de San Jerónimo (Patrón de la Orden que regía en esos momentos en el monasterio). Por último, al adentrarnos en el tramo final de la sacristía, observamos con admiración la Apoteosis de San Jerónimo, conocida también como “la perla de Zurbarán” y que pone el broche final a este bellísimo espacio.


Nosotros, simples espectadores, nos quedamos absortos y sin argumentos, mientras contemplamos la belleza y la magia de aquel lugar;  mientras, guiados por ese halo de misterio y serenidad, descubrimos los entresijos y nos adentramos  el corazón del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe


            ¿Continuamos hasta el final? 
                

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Retablo Mayor del Monasterio de Santa María de Guadalupe

Retablo Mayor del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres
Retablo Mayor del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres
Fuente
http://cvc.cervantes.es


Una impresionante verja de hierro forjada por fray Francisco de Salamanca y Juan de Ávila nos cede el paso hacia el Retablo Mayor. Esta maravillosa construcción en madera de roble y cedro fue realizada, en el primer tercio del siglo XVII, por Giraldo de Merlo sobre las trazas del “maestro de retablos” Juan Gómez de Mora. Pero no solo ellos dejaron su impronta en esta joya de la retablística española. Jorge Manuel Theotocópuli –hijo de El Greco- junto a Girarldo de Merlo, se encargarían de toda la parte escultórica del retablo; Vicente Carducho y Eugenio Cajés serían los responsables de  los grandes lienzos que lo acompañan (La Anunciación, La adoración de los pastores, la Asunción, la Venida del Espíritu Santo, etc) y, finalmente, serían Gonzalo Marín y Gaspar Cerezo quienes pondrían el broche final a este hermoso trabajo revistiéndolo de dorado en su exterior.


Su elegante composición en tres calles principales, cuatro entrecalles y un ático, nos recuerda al Retablo de la Basílica de San Lorenzo de El Escorial –siglo XVI- pues, en ambas composiciones, la unión de columnas estriadas, guirnaldas y la mezcla de escultura y pintura, nos indican que estamos ante obras clásicas del barroco español.



Retablo Mayor de San Lorenzo de El Escorial, Madrid
        Retablo Mayor de San Lorenzo de El Escorial, 
Madrid
Fuente: http://www.patrimonionacional.es


Dominando el centro de la composición y, bajo una imagen de San Jerónimo penitente, aparece la Virgen de Guadalupe. Tallada en madera de cedro y con una altura de 59 cm y 4 kg de peso, la “Guadalupana” es una imagen perteneciente al grupo de las llamadas Vírgenes Negras del siglo XII. En la actualidad la vemos vestida con un riquísimo manto triangular bordado en oro y piedras preciosas pero, en su interior, la imagen viste una túnica policromada de un verde azulado con cuatro flores: dos en el pecho, una sobre la mano derecha y, la última, en la parte baja del vestido. Su pequeña cabecita aparece recubierta por un fino velo blanco y por un manto del mismo color. 

Virgen de Guadalupe sin vestir
Virgen de Guadalupe sin vestir
   Fuente: www.cofrades.sevilla.abc.es
                              

    Sentado sobre ella, y en actitud de bendecir, aparece el Niño Jesús de unos 23 cm de altura y 200 gr de peso. Su manita derecha está labrada en plata y pertenece al siglo XVI, cuando se decide colocarla en sustitución de la primera mano del Niño que, por el paso de los siglos, sufrió esta amputación.



Santa María de Guadalupe, Cáceres
Santa María de Guadalupe, Cáceres
           Fuente: www.cofrades.sevilla.abc.es


Finalmente, en la parte baja del retablo se realizó un pequeño templete en el que se instaló, a modo de sagrario, el escritorio del rey Felipe II, realizado en 1561 en madera de cedro y cubierto con planchas metálicas ricamente decoradas por Juan de Guiamin.


20 de octubre de 1618: el Retablo Mayor del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe es expuesto por primera vez, ante los ojos de sus fieles...

domingo, 6 de noviembre de 2016

Interior del Monasterio de Santa María de Guadalupe

Basílica del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres
Basílica del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres

Al adentrarnos en el interior del templo, la iglesia que hoy vemos sufrió tres remodelaciones a lo largo de su historia, por eso es muy difícil datarla en una fecha exacta. La que fuese la primera ermita que se edificó donde señaló Gil Cordero (el pastor al que se le apareció la Virgen y recibió el encargo de construirle un monasterio), se encuentra totalmente perdida ya que, en su lugar, se erigió una iglesia a principios del siglo XIV de estilo Mudéjar aunque, lamentablemente, hoy solo conservamos un ábside. La definitiva y última remodelación de este lugar fue realizada, a finales de 1403, a cargo del gran maestro salmantino de la arquitectura y la escultura: Manuel de Larra y Churriguera.


Esta magnífica construcción de planta de cruz latina está compuesta por tres naves con crucero, cabecera, ábside poligonal y un hermoso cimborrio que corona el crucero también decorado por el propio Manuel de Larra y Churriguera. En lo alto, y entre sus gruesos muros, se abren dos grandes ventanales adornados con lacerías que reflejan a la perfección la decoración del estilo gótico español. Sin embargo, también podemos ver en ellos ciertas influencias de escuelas como la inglesa o la francesa. Pero lo más interesante de estos arcos es que fueron concebidos para iluminar la gran nave central, jugar con los contrastes de luces y sombras y, sobre todo, crear esa maravillosa atmósfera de paz y serenidad que reina en todo el templo.


  Ven, continuemos paseando. Voy a contarte algo muy interesante sobre la Virgen de Guadalupe y su retablo…


Santa María de Guadalupe
Santa María de Guadalupe


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Monasterio de Guadalupe: fachada principal...

Fachada principal del Monasterio de Guadalupe, Cáceres
Fachada principal del Monasterio de Guadalupe, Cáceres

             


     Llegar a Guadalupe, recorrer sus calles, alzar la vista y ver en lo alto del cerro el Monasterio, es una sensación única y maravillosa que os garantizo que se quedará para siempre grabada en vuestra retina.


     El peregrino que llega al Monasterio de Guadalupe, siente una emoción especial ante este lugar. Poder contemplar desde la plaza la gran fachada, sus muros y los torreones, nos produce una sensación de calma, paz y tranquilidad; Pero, a su vez, nos invade un sentimiento de felicidad y exaltación mientras observamos, absortos, la belleza de este conjunto arquitectónico.


Fachada principal del Monasterio de Guadalupe, Cáceres



Una gran puerta doble nos da acceso a la iglesia principal. Sobre esta, se elevan dos grandes arcos adornados con elementos propios del Gótico. En un segundo cuerpo, aparecen grandes ventanales de arcos apuntados con una preciosa decoración de vidrieras que descansan sobre un zócalo, adornado, a su vez, con arquerías pertenecientes al Gótico español. Como colofón final, la fachada se cierra con un elegante friso en la parte superior coronado por una crestería. No podemos dejar atrás el gran rosetón del muro sur que podemos observar desde la misma plaza o desde el interior del claustro, ya que, sin duda, se trata de una verdadera joya de estilo Gótico Mudéjar enmarcado por las armas de  Castilla y León .





Junto a la fachada principal, hay otros elementos que poseen un papel fundamental a la hora de embellecer este conjunto monumental: me refiero a las magnificas torres que enmarcan el santuario: la Torre de Santa Ana (siglo XIV - XV), la Torre de la Portería (siglo XIV -XV), la Torre de las Campanas (1663) y la Torre de San Gregorio



Y ahora ven. Acompáñame. Vamos a conocer los entresijos de su iglesia...

viernes, 28 de octubre de 2016

Historia del Monasterio de Guadalupe...

Claustro del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres
Claustro del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Cáceres


Como comentaba en la entrada anterior, la creación del Monasterio de Guadalupe se remonta al año 1330, cuando se construyó la primera ermita sobre el lugar en el que había estado enterrada la talla de la Virgen. Se sabe que, por aquellas fechas, Don Pedro García –un viejo sacerdote- se hizo cargo de la custodia y mantenimiento de la pequeña ermita hasta que, una mañana de 1335, mientras el rey Alfonso XI cazaba en este lugar, se topó con el humilde edificio en medio del campo. Tal fue su asombro al ver su pésimo estado que, rápidamente, ordenó al cardenal Pedro Gómez Barroso que se hiciese cargo del cuidado y mantenimiento de aquel lugar desde 1335 hasta 1341.


La labor del cardenal fue tan grande que, al tiempo que la ermita se iba ampliando, empezaron a construirse las primeras viviendas en torno a ella: así nació Puebla de Santa María de Guadalupe donde, en una de sus calles, se construyó una casa para que Gil Cordero –el pastor que la había descubierto en el río- pasase sus últimos días lo más cerca posible de la Virgen y, de hecho, actualmente su cuerpo se encuentra enterrado en el interior de la propia Basílica.


Pero, ¿cómo se formó el Monasterio de Guadalupe


1340: la importancia de esta iglesia para el rey Alfonso XI es de tal magnitud, que la convierte en Real Monasterio y ordena rápidamente que se que incorporen a él un priorato secular. Con el paso de los años, las llaves del santuario pasarán a manos de la orden de San Jerónimo, que permanecerá aquí durante cuatro siglos. Fue en esta etapa cuando el Monasterio de Guadalupe alcanzó su máximo esplendor artístico y cultural (del que os hablaré un poco más adelante) hasta que, en 1835, la desamortización hizo que el santuario pasase a formar parte de la archidiócesis de Toledo y, desde 1908, se instalase en él la orden franciscana que, hasta hoy, es la que rige el monasterio.


Hoy, declarado "Pontificio" por Pío XII, "Monumento Nacional" en 1879 y "Patrimonio de la Humanidad" por la UNESCO en 1993, el Monasterio de Guadalupe es poseedor de una gran riqueza escultórica, pictórica y arquitectónica que, paso a paso, os mostraré...



¿Preparados? 

lunes, 24 de octubre de 2016

Real Monasterio de Guadalupe: la leyenda...

Real Monasterio de Guadalupe, Cáceres
Real Monasterio de Guadalupe, Cáceres


Cuenta la leyenda que, cansado y fatigado tras pasar varios días buscando a una de sus vacas, Gil Cordero –un pastor vecino de Cáceres- halló por fin al animal en los márgenes del río Guadalupe. Cuando se acercó a ella y vio que estaba muerta, decidió quedarse al menos con su piel. Pero, justo en el instante en que se agachó para hacerle la señal de la cruz en el pecho, la vaca recobró la vida. El pastor, aturdido y asustado ante este extraño suceso, levantó la mirada y contempló atónito la imagen de la Virgen. Gil Cordero, en medio de la conmoción y el asombro, comenzó a excavar en el punto exacto donde había encontrado su vaca, pues sería allí mismo -según le había indicado la Virgen- donde encontraría una preciosa talla a la que había que construirle una ermita que, con el tiempo, se convertiría en Santuario.

Pero, ¿quién la dejo allí... qué sucedió realmente?

Aunque la imagen que se venera actualmente en el Monasterio de Guadalupe es una talla de cedro perteneciente al siglo XII, su leyenda nos conduce hasta el siglo I d.C. y hasta el mismo San Lucas como autor de la misma.


Ntra. Sra. de Guadalupe, Real Monasterio de Guadalupe, Cáceres
Ntra. Sra. de Guadalupe
Real Monasterio de Guadalupe
Cáceres

Cuentan que, al morir el evangelista, la talla fue enterrada junto a él en Acaya (Asia Menor) y que más adelante, en el siglo IV a.C., trasladarían sus restos hasta Constantinopla. Fue el propio papa Gregorio Magno quién, devoto acérrimo de la Virgen, trasladó de nuevo la talla desde Constantinopla hasta Roma, comenzando así la fama y expansión de su devoción. Pero su largo recorrido hasta terminar en la orilla del río no termina aquí. Al cabo de un tiempo, el papa regaló la imagen de la Virgen a San Leandro, arzobispo de Sevilla, por lo que la “Guadalupana” permanecería expuesta ante los feligreses hasta el comienzo de la invasión árabe.

714 d.C.: huyendo de esta invasión, algunos clérigos abandonan las iglesias y conventos sevillanos y, en medio de esta lucha, llevan cobijados entre sus ropajes algunas reliquias de santos y la hermosa talla de la Virgen…


Sería en su huida hacia el norte, cuando estos clérigos decidieron poner a salvo sus más preciados tesoros, enterrando la imagen de la Virgen a orillas del río Guadalupe donde, seis siglos más tarde, se construiría al fin un santuario en honor a su nombre.


Y ahora, te invito a recorrer conmigo cada uno de los rincones de este maravilloso lugar...



miércoles, 19 de octubre de 2016

Velázquez: La fragua de Vulcano...

Velázquez, La fragua de Vulcano, 1630
La fragua de Vulcano, 1630
Óleo sobre lienzo
223 x 290 cm
Museo del Prado, Madrid



1628: Rubens se encuentra en su segundo viaje por España y es ahora cuando comienza a incitar al joven Velázquez para que utilice una gama cromática más clara y ejecute una pincelada mucho más suelta. Pero, no será hasta el siguiente año cuando este se decida a poner rumbo hacia Italia para descubrir nuevas fuentes de inspiración y un nuevo horizonte en el mundo del arte. Con un permiso del rey para viajar por tiempo ilimitado, Velázquez recorrerá Génova, Milán, Venecia, Serenísima, Roma, Florencia y Nápoles. Al regresar a Madrid, el joven trae en su retina las mejores obras de maestros como Tintoretto (1518 - 1594), Tiziano (1485/90 – 1570), Rafael (1483 -1520) o Miguel Ángel (1475- 1564).

Fue en Roma donde el joven realizó La fragua de Vulcano y La túnica de Josédos grandes obras de diferente temática pero con numerosas similitudes. Comencemos, pues, con la obra que hoy nos atañe: La Fragua de Vulcano.

En el interior de una vieja fragua polvorienta y gris, Vulcano -dios romano del fuego- junto a dos ayudantes está dando forma a una pieza de metal al rojo vivo. A la derecha y por detrás de estos, aparece un oficial que repara una armadura. Todo es normal y hasta se puede intuir el tintineo que producen los martillos al golpear el metal… Todo parece tranquilo y en orden hasta que, como si de una figurilla de teatro se tratase, aparece en escena el joven Apolo, dios del sol, para darle al herrero la humillante noticia de que su esposa, Venus -diosa del amor-, estaba cometiendo adulterio con Marte, el deseado dios de la guerra.


Velázquez supo reflejar con claridad el instante en el que, el celoso y despechado esposo, es sacudido por la impactante noticia delante de sus ayudantes. El ritmo, el trabajo en la fragua se ha parado: ahora las figuras giran sus torsos y fijan su atención hacia el dios del sol. Las figuras, de pie y casi sin ropa, nos dejan ver una piel rica en gradaciones y, sus gestos de asombro e incredulidad, nos recuerdan a las figuras creadas por los grandes pintores italianos del siglo XVI.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...