viernes, 14 de octubre de 2016

Anton Van Dyck...

Van Dyck, Autorretrato, 1613/14
Autorretrato, 1613-1614


“…Copió y pintó las mejores historias, pero su principal ocupación eran las cabezas y retratos, de modo que pintó muchas láminas de papel y abundantes lienzos, y sumergió su pincel en los buenos colores venecianos…”
Giovanni P. Bellori, 1672

         Con estas palabras, Giovanni P. Bellori -el famoso biógrafo italiano del siglo XVII- describió el estilo y la forma de trabajar de Anton Van Dyck (1599 – 1641), uno de los pintores flamencos más destacados -junto a Rubensdel panorama artístico del siglo XVII.

Séptimo hijo de un rico comerciante de Amberes y huérfano de madre desde muy temprana edad, el joven Van Dyck empezó a tomar contacto con el mundo del arte y, desde 1615, cuenta ya con su propio taller de pintura y la compañía de un aprendiz.

De entre sus numerosos viajes por Europa y sus amistades más destacadas, podemos señalar a Rubens, con el que trabará una estrecha amistad y del que fue discípulo y colaborador en numerosos cuadros.

Será gracias a la influencia de Rubens y al esfuerzo y dedicación que el joven ponía en cada una de sus obras, por lo que no tardará en recibir los primeros encargos. De entre su producción de pintura religiosa y mitológica, cabe mencionar la más notable de todas: el retrato realista.  Este será el género por el que se le conocerá en los anales de la Historia del Arte.

Pero, como pintor ambicioso y vanidoso que era, decide abandonar Amberes porque no puede soportar estar a la sombra de Rubens y, en 1620, comenzará su andadura por varios países, donde tomará contacto con las obras de Tiziano y Giorgione que darán el punto y final a la evolución de su estilo.

 1632: Van Dyck ha logrado consolidarse como pintor profesional y aclamado retratista de la corte y la nobleza inglesa. Tras realizar más de 350 retratos -entre los que se encuentran 37 del rey y unos 35 para la reina- Van Dyck decide abrir un taller mucho más grande y aumentar el número de ayudantes para poder abarcar cada vez más y más encargos.

Pero, después más de 30 años dedicados a la realización de retratos, los dos grandes fracasos a los que se enfrentó –conseguir el proyecto para los frescos del pabellón de caza de Felipe IV en Madrid y una serie de pinturas para la decoración del Louvre- más los primeros síntomas de su enfermedad, hicieron que el joven Van Dyck decidiera pasar sus últimos días de su vida en Inglaterra, donde falleció el 9 de diciembre de 1641 a la temprana edad de 42 años.


Su legado artístico es rico y extenso y, cómo no, aquí os presento una minúscula parte de la colección, que poco a poco os iré comentando…

El baño de Susana, 1621/22
El baño de Susana, 1621/22



Sansón y Dalila, 1630
Sansón y Dalila, 1630



Retrato de María de Médici, 1631



El príncipe Tomás Francisco de Saboya, 1634
El príncipe Tomás Francisco de Saboya, 1634


Amor y Phique, 1639-1640
Amor y Phique, 1639-1640

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